Castillo

El origen del castillo hay que buscarlo en los primitivos habitantes de la península que lleva su nombre, los Iberos, quienes fueron los primeros en amurallar el cerro donde se levantaba el primitivo Sagunto, llamado Arse. La inicial fortaleza, con el paso del tiempo fue reformándose y ampliándose, pudiendo detectar en su perímetro restos de asentamientos romanos, godos, judíos, musulmanes, cristianos y franceses.

La presencia del castillo es tan antigua como el origen de la ciudad y ya los íberos establecieron allí su primer asentamiento (Arse). Tradicionalmente se habla del castillo romano, haciendo con ello referencia a la civilización que más ha marcado este monumento y donde se encontraba Saguntum. Sin embargo, el castillo es un mosaico de culturas y civilizaciones (íberos, romanos, godos, arabes). La fortaleza fue utilizada por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia al inicio del siglo XIX. Se encuentra dividido en siete plazas o recintos independientes: la plaza de Almenara, la plaza de Armas, la plaza de la Conejera, la plaza de la Ciudadela, la plaza Dos de Mayo, la plaza de San Fernando Estudiantes. En el interior de las murallas, que se extienden un kilómetro a lo largo de la montaña, en el Antiquarium Epigráfico se puede contemplar una parte de la colección epigráfica más completa y significativa de la península ibérica. Las inscripciones recogen los aspectos más destacados y notables de la sociedad saguntina en distintas épocas.

El castillo de Sagunto, vulgarmente llamado el castillo romano, fue declarado Monumento Nacional en 1931, ostentando actualmente su titularidad el Ministerio de Defensa, si bien la Generalitat Valenciana tiene cedido su uso.

Para poder conocer debidamente el Castillo de Sagunto, debemos cuanto menos, disponer de tres horas, en las que se nos mostrarán sus diversas dependencias y se nos explicará la historia de los diversos pueblos que lo ocuparon a lo largo de la historia.