Teatro romano

 

Cualquier ciudad que contará con un Castillo como el de Sagunto, tendría un potencial suficiente para convertirse en un centro turístico de primera magnitud, y no solo a nivel nacional. Pero Sagunto no es cualquier ciudad, pues además de la Alcazaba, existe una joya artística, máximo exponente de la ingeniería y cultura romana, el Teatro Romano.

Dicho teatro fue edificado en el siglo I de nuestra era, en tiempos del emperador Tiberio, hijo adoptivo de Augusto, y por tanto nieto del gran Cayo Julio Cesar, y fue el primer monumento español declarado nacional, en 1896.

Tras una primera restauración llevada a cabo a mediados de los años 50 del pasado siglo, sufrió entre 1992 y 1994 una rehabilitación global, que cuanto menos podríamos calificar de conflictiva y que dio lugar a un pleito que casi duró quince años.

Sin entrar en mayores consideraciones acercar de las polémicas obras de rehabilitación, la realidad es que hoy por hoy solamente existen en España dos teatros romanos susceptibles de ser utilizados de conformidad con su primigenio destino, la representación de obras teatrales y musicales. Dichos teatros romanos son el de Sagunto y el de Mérida.

Ya hemos indicado que no vamos a tomar partido en la polémica desatada con la rehabilitación de los años 90, pero si que queremos dejar constancia que dicha polémica, para lo único que sirvió fue para impedir la racional explotación del Teatro como centro de representaciones escénicas.

Una vez quedó claro que las obras no serían demolidas, el Teatro Romano ha podido iniciar su andadura escénica, gracias a la consolidación del Festival Sagunt A Escena, o a representaciones en el mismo de carácter no feriado.

Para poder apreciar en toda su inmensidad el Teatro Romano de Sagunto, entendemos que deberemos dedicarle al menos una hora de nuestro tiempo, en la que se nos mostrarán sus distintas partes y se nos explicará su funcionamiento.